Si alguien me pregunta si soy creyente le respondería algo así como que "creo creer que creo".
Dicho de otra manera, no estoy muy seguro de lo que significa hoy por hoy ser creyente ni si quiero ser encasillado en lo que la mayoría de la gente entiende por ello.
Siempre he encontrado en la persona de Jesús alguien admirable y tan digno de imitar como muchos otros personajes de la Historia. No voy a entrar a matizar mis creencias en cuanto a lo sobrenatural de la figura de Jesús de Nazaret, porque en muchas ocasiones es ése el debate que sirve para no afrontar lo que considero realmente importante, y es que durante toda su vida este tío optó por los más pobres, por lo peorcito de cada casa: desde las putas (véase Magdalena)I a los inspectores de hacienda (véase Mateo).
No me gustaría convertir esto en un sermón, aunque pueda parecerlo. Esta introducción la creía necesaria para explicar lo mucho que me hierve la sangre en estas fechas. No conozco otro episodio de la Historia Antigua o Moderna que haya sido tan desvirtuado como la Navidad.
HECHO: "La persecución de un gobernador al que se le había ido la pinza con sus delirios de grandeza y el éxodo que provocó en un matrimonio judío de clase media tuvo como consecuencia el nacimiento de un crío en un pajar, porque todo el mundo les cerró las puertas allá donde llamaron."
Hoy podría ser una pareja de inmigrantes sin papeles que no tienen dónde dormir y tras llamar a un albergue o pensión donde todo está completo se verían obligados a dormir en un cajero automático. Eso es lo que podría esperar que fuera la Navidad en nuestros días este buen tío llamado Jesús si levantara la cabeza. Cuando tenía cerca de 30 años, Jesús se pilló un rebote del quince cuando vió que los
mercaderes utilizaban el Templo para sus negocios.
Ahora responde seria y agnósticamente... ¿qué crees que pensaría de
"ESTO"?:

